El día 4 de mayo se celebró la Feira da Primavera en San Pedro, uno de los barrios más auténticos y con más personalidad de Santiago de Compostela. El año pasado me acerqué a dar un paseo por las fiestas del barrio que se celebran en el mes de junio y recuerdo perfectamente haber pensado: 'cómo me gustaría participar en algo así'. Por eso, cuando este año me enteré de que salía la convocatoria para esta feria, no lo dudé ni un instante y envié mi solicitud. Ya podréis imaginar la alegría que me llevé cuando me confirmaron que estaba entre los seleccionados, sobre todo al enterarme de que habían recibido más de 250 solicitudes!
Sólo puedo decir que vivir la feria desde dentro superó todo lo que me había imaginado. Y lo que voy a decir puede sonar un poco iluso, pero muchas veces tengo la impresión de que el mundo está tomando un camino que no me gusta nada, estamos perdiendo el norte y nuestras prioridades se nos están yendo un poco de las manos. Por eso, el poder ver a tantísima gente en la calle el sábado pasado -los que no pudisteis ir no os podéis hacer una idea de la cantidad de personas que vi pasar por delante de mi puesto- con tan buena disposición a disfrutar de un día de sol (¡y cómo pegaba el sol!), riendo, bailando, cantando, sin que nada más importase. Gente muy distinta entre si, de colectivos y edades muy dispares, cada uno con su forma de entender la vida, compartiendo con tanta naturalidad, respeto y buen rollo un mismo espacio... ¡qué queréis que os diga! Yo voto porque la vida sea un poquito más así cada día...
Os dejo varias fotos para que respiréis un poco del ambiente que tuvimos... Me he traído unas cuantas anécdotas que os quiero contar, especialmente una conversación sobre una de mis piezas entre un padre y una hija que hizo que me emocionase muchísimo.





















