20.4.14

137.

La primavera ha traido consigo un mes de abril muy especial.

De cambio de aires y nuevos espacios...



...de quedarse a trabajar cuando la mayoría se ha cogido unos días de vacaciones pero, aún así, con momentos de desconexión...



...de imágenes que transportan a lugares y recuerdos compartidos...


...y de piezas nuevas que van llenando de color las estanterías del taller y que también, pronto, se colarán en la tienda online.


13.4.14

136.

"Porque incluso los pequeños artistas, si son auténticos, tienen algo personal en su obra. Éstas son palabras  que entenderán aquellos que están en el fragor de la batalla, luchando con dureza para ser artistas. (...) y espero que entiendan con claridad que lo único para lo que sirve seguir ese estilo debe ser porque éste les lleve gradualmente a ser, no manieristas, sino artistas originales, que han de dar algo definitivo al mundo, algo que no existía antes de que comenzaran a trabajar." 
(Arte y artesanía, William Morris)

La cita con la que he comenzado no está escogida al azar. Últimamente he tenido que observar con tristeza cómo ciertas personas se han dedicado a copiar con bastante descaro no sólo alguna pieza mía sino también las de otras compañeras. A pesar de la indignación inicial y las ganas de gritarlo al mundo, tras hablarlo con una gran ceramista que lleva muchos años de profesión a sus espaldas, he decidido seguir su consejo y dejar pasar este episodio, ignorar a estas personas y seguir creando y trabajando con la vista al frente. 

Así que, dicho de otra forma, los objetos ya existentes - incluso una simple cuchara - siempre se pueden reinterpretar hasta crear algo que nos defina, que sea sólo nuestro, una manifestación de nuestra forma de observar la vida e interpretar el mundo. De manera que, dos cucharas, no tienen porque ser iguales... en la originalidad y la creatividad reside la magia.
























6.4.14

135.

Esta es la historia de una figura que nació en un preciso instante durante un viaje a Nueva York - mucho antes de que yo me dedicase a hacer cerámica - y esperó pacientemente en un rincón de mi cabeza hasta que, hace unos meses, decidió salir...


Esta pequeña escultura viene acompañada de un texto que escribí hace ya ocho años y que hoy, después de darle alguna que otra vuelta, he decidido compartir con vosotros:

"Estaba claro que después de doce años de amistad y después de haber transcurrido algo más de dos años desde la última vez que Isabella la había visitado, el reencuentro iba a ser emocionante. Pero, además, esta vez era especial porque era Berenice la que acortaba las distancias y viajaba a esa gran ciudad para verla. Una ciudad en la que había estado por primera vez hacía ya once años, pero que sólo había tenido la oportunidad de digerir de pasada – apenas un par de días de turismo envasado. Todos los viajes tienen un motivo y especialmente una finalidad, éste era para Berenice el viaje que la ayudaría a reencontrarse después de un año sombrío lleno de contrariedades. Por eso era imprescindible realizarlo sola. Como era habitual en ella, preparó minuciosamente su maleta sin olvidar los libros para las largas horas de vuelo. On the Road; le había parecido adecuado para el viaje porque aunque en su caso no se trataba de un ‘road trip’ y ella jamás había sido una mujer de excesos, sí era consciente de que en su interior guardaba más de lo que aparentemente mostraba. El Tambor de Hojalata; esa novela que ya había leído hacía años y de la que no había disfrutado como era debido por lo que cuando la vio en la estantería de la librería pensó que debería darle una segunda oportunidad. Berenice también se estaba dando una segunda oportunidad. Y, por último, una novelita inesperada que cayó en sus manos en el momento más indicado, La escopeta de caza; extraño como a veces uno se puede convertir en personaje de los libros que lee.

Por fin, después de las horas de vuelo y el cansancio acumulado llega a esa gran ciudad, plural en todos los sentidos, en la que había depositado tantas ilusiones por encontrarse. Típico en ella: buscarse en la multitud. Había hablado tantas veces por teléfono con Isabella durante los últimos meses - ella era de las pocas personas que lograban comprenderla, quizás porque no la juzgaba sino que dejaba que Berenice contase todo lo que le sucedía hasta encontrar por si misma una solución a lo que le preocupaba. Cuando se vieron en la sala de llegada de pasajeros apresuraron sus pasos entre la gente y se dieron un cálido abrazo. Ya estaba, Berenice se sentía mucho mejor sólo con ese gesto. Lo necesitaba como si de una niña pequeña se tratase quien, asustada en la oscuridad de su habitación después de una pesadilla, llama a su madre para que le susurre que no pasa nada, que todo ha sido un sueño.

Por delante tenían una semana para pasear, visitar los sitios menos turísticos que habían quedado pendientes en la primera visita, salir a cenar comida etíope, japonesa, mejicana…, salir de compras y, por encima de todo, charlar hasta altas horas de la madrugada. Berenice tardó poco en darse cuenta de que el desfase horario iba a ser un pequeño inconveniente para ese último plan que consistía en conversar hasta la saciedad como era costumbre en ellas, pero a su vez este insomnio matutino le permitió disfrutar de pequeños placeres...

La primera mañana se despertó a las 5:30 y tras quedarse unos minutos tumbada sobre la cama observando los detalles de la habitación decidió entreabrir la persiana vertical. El día comenzaba a despuntar bajo una pátina azul grisácea. Se levantó y fue al salón; sobre la mesa Isabella le había dejado varias guías de la ciudad y una enorme nota amarilla con propuestas para esos días: Central Park, béisbol, red velvet, The Strand, Brooklyn… Berenice sonrió, por fin estaba ahí. Miró la estancia presidida por un enorme ventanal de pared a pared. Se acercó. Al fondo se podía ver el río, hacia el Este. Se sentó sobre la repisa que había bajo el marco de la ventana y observó que dieciocho pisos más abajo estaban las calles, el ruido del tráfico y esa ciudad que nunca duerme. No era la única persona despierta en ese mismo momento lo que le pareció una sensación maravillosa. Esto le hizo recordar a la gente que se había quedado al otro lado del océano, había pasado un día y ya los extrañaba. Ellos, en ese instante, también estaban despiertos con el motor puesto en lo cotidiano. Cogió su cámara y disparó las primeras fotos del viaje. Decidió volver a la cama e intentar dormir al menos un par de horas pero le resultó imposible; la compañera de piso de Isabella había programado la cafetera para que su café estuviera listo en cuanto regresase de hacer footing por el parque así que apenas había transcurrido media hora cuando comenzó a sentir movimiento por la casa. Podría haberse levantado y aprovechado para desayunar con ella antes de que se marchase a la oficina en su primer día de trabajo, pero realmente no le apetecía. Encendió el móvil y decidió hacer una llamada. A tantos kilómetros de distancia sintió la necesidad de escuchar su voz y charlar apenas unos minutos. Era importante haber hecho el viaje sola pero en ese preciso instante le hubiese gustado tanto que él estuviese allí con ella… al fin había conseguido arañar un pedazo de felicidad y quería compartirla.

Los demás días transcurrieron según lo previsto: con intensidad, brevedad y anticipando la despedida y el próximo reencuentro. De vuelta en casa, Berenice siguió recordando los detalles de su ‘escapada’. La calidez de los días tormentosos de aquella semana en la ciudad, los silencios y las conversaciones compartidas, la variedad cultural y las caras nuevas, los besos de despedida robados mientras se cierran las puertas del ascensor y las lágrimas que asoman caminando por el pasillo de vuelta al apartamento, los olores y los sabores de Hell's Kitchen, el bochorno asfixiante del metro, la brisa sobre el puente con las vistas de la ciudad al frente, el Empire State, los desplazamientos en taxi por la ciudad, comprar los regalos y las postales apalabradas, el césped y las nubes del Sheeps Meadow y ese vagabundo de mirada plácida, el desfile de camisetas pidiendo el voto para Obama, un té helado en un banco de un parque, la cordialidad/hipocresía de una conversación en un tren con destino a Connecticut, en un bar universitario o en una fiesta en el sótano de un edificio, un cuadro al rojo vivo que combina con un vestido porque eso es ‘arte’, la crisis económica en la trastienda y también en la palestra, un paseo cerca del mar en un descapotable y un emocionado abrazo de despedida en el aeropuerto.

La cotidianeidad de Berenice había dado un giro tremendo y estaba dispuesta a mirar la vida a la cara."


* Si habéis leido hasta aquí, ¡muchísimas gracias por haber dedicado vuestro tiempo! Espero que os haya gustado...

** La figura está inacabada, faltan algunos detalles para que sea como yo la visualizo en mi cabeza, pero me apetecía compartirlo con vosotros. A ver si puedo mostrar el resultado definitivo pronto :)

27.3.14

134.



Recuerdo la vez que saqué mi primera foto. Era pequeña y estaba con mis padres de excursión por Ourense, visitando el Mosteiro de Oseira. Hacía muchísimo calor y, durante nuestro paseo, buscamos cobijo en su claustro y nos refrescamos en una fuente de un patio. Mientras recorríamos sus jardines escuché que mi madre le comentaba a mi padre: '¿por qué no le decimos a la niña que nos saque una foto?'. Creo que por entonces llevábamos la Kodak Instamatic que habían comprado un año antes de que yo naciese. Me explicaron cómo tenía que hacer y ellos se sentaron bajo un árbol. Miré por el visor, los busqué y me sorprendió que fuesen más pequeños que en la realidad. Entonces, disparé. El hecho de esperar a que llevásemos a revelar el carrete puso a prueba mi paciencia, pero ver la foto semanas después reflejada en un papel, no tuvo precio.

Puedo asegurar que en esa imagen no hay rastro alguno de técnica, seguramente esté mal encuadrada e incluso borrosa, pero para mí es una de las más importantes. Recoge un instante que yo guardo en mi memoria como un momento feliz.

Durante mi viaje a Berlín, aproveché también para asistir a un curso de fotografía impartido por Álvaro Sanz. Es posible que esté todo dicho y escrito sobre sus cursos y coincido con cada una de las crónicas (siempre positivas) que se pueden leer en otros blogs. Sin embargo, tras mi vuelta, yo no he podido dejar de darle vueltas a ese recuerdo con el que comenzaba esta entrada. 

Aunque durante el curso recibimos clases teóricas sobre el uso de la cámara, conocimos el trabajo de otros fotógrafos (tanto aquellos que han hecho historia en el campo de la fotografía como otros más actuales) así como los nuevos programas para el tratamiento de imágenes, yo destacaría esos momentos más improvisados en los que Álvaro nos abrió los ojos y nos dio a entender que una buena foto no requiere simplemente de una técnica depurada. Una foto es algo más; capta un instante único, cuenta una historia, transmite algo más profundo... independientemente de si ésta tiene ruido o de si el enfoque no es el más correcto.

Días después, a mi vuelta y pensando mucho en todo esto, viajé de nuevo a aquel instante de mi primera foto. A la espontaneidad de aquel momento. Y pienso, que quizás, para aprender haya que empezar por desaprender.

De todas las fotos de ese fin de semana, me quedo con la que habéis visto al principio. Ese atardecer gélido en el aeropuerto abandonado de Templehof que, para mí, es el lugar que resume el carácter de una ciudad como Berlín y de sus ciudadanos, que se alejan de lo cotidiano para sentarse en compañía de sus amigos mientras beben algo, preparan la tierra para plantar vegetales en pequeños huertos delimitados por listones de madera colocados de manera arbitraria o corren a la caída del sol buscando un momento de calma en esta especie de isla urbana reinventada.

25.3.14

133.

Mi segunda crónica de Berlín me lleva a uno de los motivos principales del viaje. 

A finales del año pasado, Caterina y Mö me lanzaron la propuesta de ser la imagen del catálogo con el que Caterina iba a presentar su colección de invierno. Los que me conocéis, sabéis de sobra que soy tan tímida que es imposible disimularlo pues, a la mínima y por cualquier cosa, me ruborizo. Normalmente suelo ser yo la que no sale en las fotos porque prefiero estar al otro lado de la cámara. Era una locura y un gran paso aceptar su propuesta, pero algo me empujó a hacerlo y lo hice - ¡soy una tímida kamikaze!-. Yo lo bauticé como 'terapia de choque' y ¡vaya si lo ha sido que ahora he repetido! La verdad es que las dos hacen que durante las horas de sesión todo fluya y el tiempo pase volando, que deje a un lado mis miedos hasta hacerme sentir tan cómoda como si todo lo que me rodea dejase de existir y, además, cualquier cosa que pasa por sus manos se convierte en algo bello.

Mucha gente me ha preguntado a cuento de qué nos íbamos hasta Berlín para sacar las fotos. Pero si habéis visto imágenes de la primera sesión que realizamos en aquel impresionante invernadero (aquí), entenderéis que la presión y las ganas de superación nos pudieron y, durante una comida juntas, alguna de nosotras lanzó al aire un: '¿Y si nos vamos a Berlín a sacar las fotos?'... y, meses después, allí nos fuimos. Esta vez contamos también con la compañía y ayuda de Antía, que fue la cuadratura del círculo.

Éstas son las imágenes del 'making of' y, al final, podéis ver la foto del avance de la colección. Durante esta semana no os podéis perder el resto que irá publicando Caterina en su blog porque seguro que este apartamento berlinés de paredes desconchadas y colores degradados os cautivará tanto como a nosotras.


























 "Photography takes an instant out of time, altering life by holding it still" (Dorothea Lange)

Foto de Mònica Bedmar

23.3.14

132.

Berlín es una ciudad que siempre había estado marcada en mi mapa pero nunca acababa de llegar la ocasión de visitarla. No sé muy bien el motivo, pero había algo que me invitaba a querer conocerla y a la vez me hacía verla con cierto escepticismo. Sin embargo, esta vez tenía más de una buena razón para hacer la maleta.

Ha sido una semana intensa y a la vez breve, con muchos matices, imposible de resumir en una única entrada. He compartido momentos únicos; me he reído muchísimo; he sentido cómo la amistad se hacía fuerte a través de miradas, gestos, conversaciones y silencios cómplices; y también me han enseñado a observar y a pensar en imágenes...

Una ciudad no es sólo ésa que te recibe al llegar sino también la que tú mismo vas construyendo durante el viaje. Creo que es un proceso totalmente subjetivo y, con el paso de los días, hay que ir dejándose llevar por sus calles, observar a la gente, acostumbrarse a sus tonos, ritmos y colores. Es posible que Berlín no sea una ciudad de primeras impresiones, quizá por ello los primeros días busqué refugio en mis compañeros de viaje, los mejores que podría imaginar.

Mi primera entrada de esta crónica de Berlín es para ellos. Para Álvaro, por tu sinceridad, tu energía y por ser brújula en más de una ocasión; Caterina, gracias por tu ritmo lento, tu mirada amable, tu confianza y generosidad; Mö, eres como una preciosa semilla que florece cada día para captar hasta el último rayo de luz y transformarlo en todo un universo, eres calma y serenidad, pero también libertad; Antía, eres ese paso que no va ni por delante ni por detrás, sino siempre al lado, a pesar de la distancia... gracias, maga de las palabras y las emociones; Y., gracias por confiar, por volar, por correr y por estar, siempre.





3.3.14

131.


De aquella época en la que vivía con mis padres, recuerdo que mi madre compraba de vez en cuando alguna revista de decoración. Creo que tanto ella como yo soñábamos, de alguna manera, con habitar esas casas tan estupendas, llenas de luz y amuebladas con tan buen gusto. En alguna ocasión llevamos a la práctica algunos de los proyectos que proponían en las revistas y, entre todos éstos, conservo con especial cariño el recuerdo de aquel día en el que decidimos crear una lámpara recuperando la estructura de una (bastante horrorosa) que me había tocado en una tómbola. Compramos un papel reciclado que llevaba flores secas, un hilo grueso a juego para coser el papel que formaría la pantalla y cola blanca para la base. Las dos quedamos contentísimas con el resultado... sin embargo a mi padre nunca llegó a convencerle ;) Me imagino que lo que hacía que viésemos esa lámpara con tan buenos ojos fue el hecho de haberla creado entre las dos.

Poco sabíamos por aquel entonces que, pasados los años, mi trabajo aparecería entre las hojas de una de aquellas revistas que compraba ella. En el número del mes de marzo de la revista 'micasa' podéis encontrar uno de los primeros modelos de cuencos que realicé al principio (ya en el año 2012, ¡cómo pasa el tiempo!) entre las páginas del suplemento. 



Aprovecho para comentaros que los últimos modelos de cuencos que saqué a la venta la semana pasada se han agotado y la tienda online está cerrada. Aunque estos días en el taller ya estoy metida en faena con otros encargos, trataré de reponer algún cuenco y alguna cosilla más durante este mes de marzo ;)

23.2.14

130.


Salir a pasear sin un rumbo determinado, sólo con un único objetivo: mirar pausadamente. A veces no es necesario viajar muy lejos para observar con otros ojos, para descubrir, para dejarse sorprender o, simplemente, para acabar buscando refugio en la amplitud del océano... Así ha sido mi fin de semana, sin salir de mi ciudad. Me he prometido hacerlo con más frecuencia.












































16.2.14

129.

Poco a poco se van notando algunos indicios de la primavera. El otro día de camino al taller, tuve que pararme, sorprendida, a observar los magnolios que ya comienzan a estar en flor (como podéis ver aquí). Pero aún quedan algunas semanas de frío por delante, de estar en casa y aprovechar para hacer actividades más típicas de esta época. Puede decirse que todavía es temporada de cuencos laneros, de tejer gorros, bufandas, ¡incluso mantas! Hoy me he pasado la mañana lijando éstos que veis en las fotos y están listos para ser esmaltados y pasar por segunda y definitiva vez por el horno. Si todo sale bien, en unos días los podréis encontrar en la tienda online...¡dedos cruzados!




10.2.14

128.

No es la primera vez que hablo del trabajo de Mònica Bedmar ni de todo lo que me transmiten sus fotografías. Si, además, a esto le sumamos que detrás de la cámara hay una persona bellísima, por fuera y por dentro, es difícil no dejarse llevar por su universo tan sereno y delicado.

Hoy no quiero extenderme demasiado, simplemente quiero compartir con vosotros las hermosas imágenes de mi cerámica retratada por Mö para el número cinco de la revista Kireei. Mònica ha sabido captar lo que a mí me gustaría expresar con mi cerámica: calma, sencillez, luminosidad, momentos pausados,... así que espero que estas fotos os gusten e inspiren tanto como a mí.



"The light which puts out our eyes is darkness to us. Only that day dawns to which we are awake. 
There is more day to dawn. The sun is but a morning star." 
(Walden, Henry David Thoreau)

Gracias bonita*