15.11.15

197.

Después de mi entrada anterior, marcada por ese tinte tan personal, no encontraba la manera (ni las ganas) de retomar el hábito de pasarme de nuevo por aquí para contaros esa otra parte relacionada con la cerámica.
*
Sin embargo, estos últimos días he estado metida en el taller dándole la forma definitiva a un proyecto que ha provocado que me ponga las pilas, que recupere los nervios y la ilusión por lo que está por venir, que le dé vueltas y más vueltas a la cabeza y, principalmente, que me cueste aguantar las ganas de mostraros de una vez qué tengo entre manos! 

Todavía no puedo enseñar el resultado definitivo, pero sí quería hablar sobre esas fases tan importantes que son la antesala de la pieza final. Es casi como un ritual. Este proceso suele comenzar con una conversación que, casi al instante, genera una idea muy abstracta que se instala en ese rincón reservado a la imaginación. Van pasando los días, comienzan las anotaciones en la libreta, los bocetos rápidos - ideas y más ideas buscando su sitio -  hasta que lo abstracto va tomando forma. Clic. Ahí está, la pieza definitiva en mi cabeza buscando convertirse en algo material a través de las manos. Algo que reúna muchos matices en un único objeto: una historia, un olor, una sensación, un espacio, el tacto, su función, etc. Es el turno entonces de la búsqueda del material idóneo, de las pruebas de color y de esmalte. Se va cerrando el círculo y comienza la producción. Hay ciertos movimientos que tengo que mecanizar e interiorizar para que todo salga, más o menos, bien e igual a partir de ahora. Así (horno mediante), cada día hasta que todo esté listo para su entrega. 


El encargo que ocupa ahora casi todo mi tiempo surgió así, con una conversación a finales de verano en torno a una mesa (como no podía ser de otra manera) con Iago Pazos, alguien que sueña con los ojos abiertos y la parte más visible del binomio Abastos 2.0. En breve, esperamos poder mostraros el trabajo que estoy realizando para su proyecto más reciente, [barra]Atlántica: un bar, un club, un punto de encuentro en el que comer y beber pero, sobre todo, disfrutar. Hace poco inauguraron local en Santiago de Compostela pero se están preparando para desembarcar en Madrid. Y yo, que me considero tan atlántica, no me he podido resistir!
























2 comentarios:

  1. Volver cuesta, pero se necesita. :) Que ganas de tener en Madrid un trocito de Abastos 2.0

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    1. Sí Clara, totalmente necesario recuperar el ritmo para que todo fluya...

      Pues a finales de este mes llega el sabor del Atlántico a Madrid!

      Muchas gracias por tu comentario :)*

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